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14.4.22

¿Debemos ponernos otra dosis de refuerzo contra la COVID-19?


 ¿Hay que ponerse otra dosis de refuerzo contra la COVID-19?

Parece una pregunta sencilla, pero los expertos siguen debatiendo la respuesta.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) autorizó recientemente una segunda dosis de refuerzo para las personas mayores de 50 años y para quienes tienen sistemas inmunitarios debilitados. Investigaciones preliminares de Israel —un país que en general ha estado un par de meses adelante de Estados Unidos en términos tanto de infecciones como de la implementación de medidas para hacer frente a la pandemia— indican que una segunda dosis de refuerzo es segura y tal vez ofrezca protecciones adicionales para no desarrollar un padecimiento grave.

Eric Topol, profesor de medicina molecular en el Centro de Investigación Scripps en San Diego, dice que la decisión de la FDA fue prudente. “Nadie quiere el refuerzo, y ojalá no lo necesitáramos”, expresó. Pero, en su opinión, los datos de Israel son contundentes y los adultos mayores o quienes tienen factores de riesgo para la COVID-19 sí deberían ponerse la segunda dosis de refuerzo. Respecto al primer refuerzo, que las autoridades federales autorizaron en noviembre pasado para todos los adultos, dice que la vacuna tuvo “un efecto vital” y se debió de implementar desde antes.

Pero no todos están de acuerdo. “Yo siempre fui escéptico del primer refuerzo y estoy aún más dudoso del segundo refuerzo”, dijo Phil Krause, exsubdirector de la Oficina de Investigación y Revisión de Vacunas de la FDA.

Krause dejó la FDA el otoño pasado luego de que la Casa Blanca patrocinara la primera dosis de refuerzo antes de que su agencia pudiera revisar los datos. Al igual que Topol, él dice que los refuerzos son prudentes para los mayores y quienes tienen más riesgo de desarrollar un caso grave de COVID-19. Pero, para todos los demás, afirma que, según los datos, las vacunas iniciales de ARNm de dos dosis proporcionan una protección sólida y duradera contra la enfermedad grave, y la necesidad de inyecciones adicionales no está justificada por el momento.

¿Cómo es posible que dos científicos respetados analicen las mismas pruebas y lleguen a conclusiones tan distintas? Los directivos de los servicios de salud pública tienen hoy en día la poco envidiable tarea de proporcionar directrices claras y sencillas en respuesta a una pandemia compleja y en constante evolución. No importa dónde tracen las líneas, es probable que el escenario cambie. El continuo debate sobre los refuerzos probablemente sea el ejemplo más claro de este reto.

La falta de consenso entre los expertos quizá resulte desconcertante, o incluso desalentadora, para quienes desean respuestas directas. Pero las soluciones concretas son competencia de los vendedores, no de los científicos. Y personas de ambos lados del debate en torno a las dosis de refuerzo dicen que hay varias cuestiones a considerar, todas ellas válidas, que, sin embargo, se contraponen.

Uno de los aspectos más controvertidos es el objetivo de las vacunas de refuerzo. “¿Intentamos que la gente no tenga que ir al hospital, o prevenir una enfermedad leve, o disminuir la transmisión en toda la población?”, dijo Luciana Borio, antigua jefa científica en funciones de la FDA. “Si no se tiene un objetivo claro y consensuado, creo que es fácil que haya desacuerdos”.

En lo que se refiere a la variante ómicron, parece que los refuerzos solo proporcionan una protección transitoria de la infección o propagación. En mis conversaciones con médicos e investigadores de vacunas, ninguno mencionó como justificación incuestionable de la segunda dosis que evitara los contagios. Más bien, la mayoría señalaba a algún conjunto de datos y argumentaba que la reducción de los casos graves (o la ausencia de estos) era lo que respaldaba sus opiniones.

Y sobre esos datos: todo el mundo desearía que fueran más sólidos. Aunque algunos consideran que la investigación realizada en Israel es suficiente para justificar una segunda dosis de refuerzo, Borio ve deficiencias metodológicas que limitan su utilidad para tomar decisiones de política pública. “Como es lógico, este tipo de estudios observacionales sobre toda la población no son aleatorios, no se llevan a cabo en un entorno controlado y hay muchos factores de confusión”, explicó.

Para algunos, las consideraciones de tiempo también tienen mucho que ver. Las tasas de infección por coronavirus en Estados Unidos no habían estado tan bajas desde hace dos años, aunque algunas áreas están viendo incrementos. Si bien hay una cierta preocupación sobre una próxima ola de casos nuevos gracias a la subvariante BA.2 de ómicron, en la mayoría de los casos parece que esta variante causa una enfermedad más o menos leve en las personas vacunadas. Cifras recientes proporcionadas por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades también sugieren que la mayoría de las personas vacunadas, sobre todo quienes recibieron la primera dosis de refuerzo, siguen estando bien protegidas ante una enfermedad grave. Teniendo en cuenta que el efecto de los refuerzos puede ser de corta duración, algunos dicen que las autoridades estadounidenses deberían esperar un poco más antes de promover otra inyección.

“No se trata de si necesitaré otra dosis de refuerzo —creo que con el tiempo todo el mundo la necesitará—, sino de si ahora es el momento, y para quién”, sostuvo Gili Regev-Yochay, directora de la Unidad de Prevención y Control de Infecciones del Centro Médico Sheba de Israel.

Regev-Yochay ha estudiado la eficacia de la cuarta dosis para la covid. Aunque apoya plenamente una primera dosis de refuerzo para todos los adultos, afirma que las pruebas que respaldan una segunda dosis de refuerzo en este momento son más endebles cuando se trata de personas que no presentan factores de riesgo importantes. También señala que en algunos lugares del mundo todavía están tratando de conseguir las primeras dosis de las vacunas. “Deberíamos reservar estos recursos para la gente que realmente los necesita”, dijo.

Algunos expertos afirman que sin duda surgirán nuevas variantes, y con ellas puede presentarse una necesidad más apremiante de refuerzos formulados específicamente para atacarlas. La recomendación de una segunda dosis de refuerzo ahora reduciría la buena disposición del público para recibir esas vacunas posteriores.

Aunque lejos de ser una certeza, también es una posibilidad teórica que ponerle refuerzos a las personas otra vez reduzca la eficacia de las próximas vacunas. “Cuando te enfrentas a una variante resistente a la protección contra enfermedades graves y realmente necesitas una vacuna específica para la variante, es posible que seas menos capaz de responder a ella”, dijo Paul Offit, director del Centro de Educación sobre Vacunas del Hospital Infantil de Filadelfia y asesor de la FDA. “Tengo más de 65 años, pero por lo demás estoy sano, y no tengo prisa por recibir una cuarta dosis”.

Hay más argumentos convincentes a favor y en contra de las vacunas de refuerzo. Algunos dicen que la perspectiva de tener que vacunarse varias veces podría disuadir a los no vacunados incluso de ponerse la primera dosis (vale la pena destacar una vez más que esto es algo que todos los expertos creíbles apoyan). Mientras tanto, otros afirman que la vacuna adicional podría ofrecer protección contra la covid prolongada u otros riesgos de salud relacionados con la infección. “Todos estos tipos de consideraciones quizá sean correctos, pero también están en conflicto entre sí”, dijo Robert Wachter, presidente del departamento de medicina de la Universidad de California en San Francisco.

Wachter apoya las recomendaciones del gobierno de ponerse vacunas de refuerzo. En su opinión, incluso si el beneficio de otro refuerzo resulta ser mínimo, ese pequeño beneficio —en términos de vidas salvadas y complicaciones de infección evitadas— debería pesar más que los riesgos especulativos o las consideraciones sobre cómo responderá el público a futuros refuerzos. “Soy un hombre sano de 64 años y han pasado seis meses desde mi último refuerzo”, mencionó. “Creo que es bastante irrefutable que debo recibirla”. (Después de que hablamos, Wachter se puso su cuarta dosis).

A pesar de todas las opiniones contrarias, vale la pena destacar que hay algunas cosas en las que casi todos los expertos están de acuerdo. Un área de consenso es que las personas que tienen un sistema inmunitario débil o múltiples factores de riesgo sí deberían recibir los refuerzos.

Además, de cara al futuro, la mayoría afirma que tal vez se necesiten refuerzos de vez en cuando para proteger a la población de variantes nuevas o de la disminución gradual de la protección de la vacuna. Es probable que la amenaza de la COVID-19 esté con nosotros durante los próximos años, y eso tal vez haga necesario que todos se pongan las dosis de refuerzo. “No creo que se pueda predecir si recibiremos un refuerzo cada seis meses o cada año, pero creo que vamos en esa dirección”, dijo Regev-Yochay sobre los refuerzos ocasionales.

El debate sobre las vacunas adicionales contra la COVID-19 refleja los retos y fricciones comunes en todas las evaluaciones de riesgo. Es decir, ¿cuánto riesgo es demasiado? A veces no hay una respuesta “correcta”; es una cuestión de opinión. Y cuanto más estrecha sea la relación riesgo-beneficio, o cuanto más se acerque a un 50-50, más divergirán las opiniones de los expertos.

Markham Heid es un periodista especializado en salud y ciencia que ha cubierto la pandemia de COVID-19. Es colaborador de la revista Time y escribe una columna de salud semanal en Medium. Su trabajo se ha publicado en Popular Mechanics, Men’s Health, Vice, Quartz y otros. Fuente:The New York Timmes

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