Haití, atrapado en una nueva ola de violencia

Habitantes cubren los cuerpos de las víctimas del ataque en las afueras de Puerto Príncipe, en Kenscoff, Haití, este lunes.Patrice Noel (REUTERS)
 La violencia que azota a Haití volvió a dejar una escena de horror durante la madrugada del lunes. Al menos 47 personas murieron en un ataque perpetrado por las pandillas que mantienen bajo su control buena parte de Puerto Príncipe, según datos difundidos este martes por Naciones Unidas. Entre las víctimas, 22 fueron ejecutadas dentro de una iglesia donde habían buscado refugio.

El secretario general de la
condenó los hechos y alertó sobre el deterioro de la seguridad en el país. El funcionario advirtió que los ataques constantes de las bandas contra las comunidades demuestran la gravedad de la situación y la necesidad urgente de reforzar las acciones para combatir a los grupos armados.

La masacre ocurrió en la comuna de Kenscoff, en las afueras de Puerto Príncipe. De acuerdo con los reportes, integrantes de Viv Ansanm, una de las principales coaliciones de bandas criminales del país, irrumpieron en la zona y atacaron a la población civil. Durante la ofensiva, numerosas viviendas fueron incendiadas y los hombres armados dispararon contra los habitantes.

La violencia provocó una fuerte reacción entre los residentes. Cientos de personas acudieron a la comisaría de Kenscoff para reclamar mayor protección por parte del Estado y exigir una respuesta de la Policía Nacional de Haití (PNH). Los vecinos denunciaron que llevan más de 20 meses enfrentando el avance de las bandas sin una respuesta efectiva de las autoridades.

Ante la creciente presión, el director general de la PNH, Jonas André Vladimir Paraison, y el comisario del Gobierno, Fritz Patterson Dorval, se trasladaron hasta la zona. La gravedad de la situación volvió a poner en evidencia la necesidad de actuar frente a una violencia que continúa cobrando vidas.

Un país sumido en una crisis humanitaria

Lo ocurrido en Kenscoff es apenas una muestra de la profunda crisis de seguridad y violencia que atraviesa Haití. Según los datos más recientes de Naciones Unidas, la violencia de los grupos armados dejó al menos 3.050 muertos y 1.401 heridos durante los primeros seis meses del año.

La población civil también enfrenta secuestros y violencia sexual. Durante los primeros cuatro meses del año se registraron cerca de un centenar de secuestros, mientras que alrededor de 700 personas, principalmente mujeres y niñas, fueron víctimas de violencia sexual.

La inseguridad también ha agravado la situación humanitaria. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) estima que más de seis millones de haitianos necesitan asistencia humanitaria urgente, en un país con una población aproximada de 12 millones de habitantes.

Además, más de 1,4 millones de personas han sido desplazadas internamente como consecuencia de la violencia y la inseguridad.

“La población está al límite”, señaló Marisela Silva Chau, jefa de la delegación del CICR en Haití, al referirse a las difíciles condiciones que enfrenta la población.

La violencia también golpea a las organizaciones humanitarias

El deterioro de la seguridad está dificultando incluso el trabajo de las organizaciones que permanecen en Haití. Médicos Sin Fronteras (MSF) tuvo que suspender a principios de agosto sus actividades en el hospital materno Isaïe Jeanty de Chancerelles, ubicado en Cité Soleil, Puerto Príncipe, debido a nuevos enfrentamientos entre grupos armados.

La suspensión fue la segunda en menos de dos meses. Sin embargo, MSF retomó sus operaciones el 18 de agosto, en coordinación con el Ministerio de Salud Pública y Población.

Diana Manilla Arroyo, jefa de misión de MSF en Haití, explicó que abandonar temporalmente las instalaciones fue una decisión especialmente difícil debido a las enormes necesidades de salud sexual y reproductiva que existen en Cité Soleil.

No obstante, permanecer en medio de los enfrentamientos habría supuesto un riesgo tanto para los pacientes como para el personal médico.

Mientras las bandas continúan ampliando su influencia y la población enfrenta desplazamientos, hambre y violencia, Haití permanece atrapado en una crisis cada vez más difícil de contener. La masacre de Kenscoff vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de recuperar la seguridad y proteger a una población que lleva años pagando el precio de la violencia.

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