En este modelo, las
universidades remuneran a los profesores por hora de clase impartida,
sin incluir otras funciones académicas como la preparación, la evaluación o la
investigación.
Al cierre del 2024, solo el 0.56
% de los docentes se dedicaba exclusivamente a la enseñanza y
el 8.53 % trabajaba a tiempo completo, mientras que el 66.2 % estaba contratado
por hora.
Este
esquema de contratación se traduce en condiciones laborales marcadas por bajos ingresos y la necesidad de asumir múltiples empleos para sostenerse, una dinámica que, según testimonios
recogidos para este reportaje, ha llevado a numerosos docentes a abandonar las aulas agotados por la carga laboral y sin percibir beneficios
suficientes.
Lo que ganan
Las estadísticas
muestran que la mayoría de las universidades locales prefiere
contratar a sus docentes por hora, algunos sin compromiso de seguridad social,
sin derecho a prestaciones laborales y, en ocasiones, sin una vinculación clara
con la institución.
Tras años de formación
académica, un docente de la Universidad Eugenio María de Hostos (Uniremhos)
asegura recibir un ingreso de 1,500 pesos por asignatura, lo
que significa un pago de casi 200 pesos por hora.
Para ganar el salario
mínimo del sector privado, que es de 29,988 pesos, ese mismo docente
tendría que impartir casi 20 asignaturas, para una carga laboral de
cerca de 20 horas diarias, tomando en cuenta que por cada hora
de docencia se deben dedicar al menos dos a las evaluaciones y
preparación de clases.
Las
universidades dominicanas pagan únicamente el tiempo que el profesor pasa en el
aula, sin considerar las horas adicionales que implica la docencia. Sin embargo, la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) establece que la carga docente debe
incluir no solo la enseñanza directa, sino también la preparación de clases, la
evaluación de los estudiantes y otras actividades académicas.