De afamado polista a ser abuelo consentidor

Hace treinta y un años  que Kalil Haché se enteró que sería abuelo por primera vez.  Kalil Díaz, hijo de Elsita, su hija mayor, fue su primer regalo. A sus 85 años aún es miembro activo de las Fuerzas Armadas, aunque con 59 años en la milicia se pudiera pensar que  es una persona muy recta,  la realidad es que este es un abuelo apoyador y muy consentidor.

“Con el tiempo comprendí que los nietos se quieren igual o más que a los hijos, ya que tengo más tiempo ahora de compartir con ellos”.

Por muchos años Kalil fue un jugador de polo que ganó un sinnúmero de trofeos que exhibe con orgullo en un estante. Cada rincón de su casa también muestra su amor por los caballos, con su decoración original, y como un buen aficionado,  sus nietos aprendieron a montar desde pequeños de la mano de él, tanto así que uno de ellos es profesional en salto. “Manuel Fernández se encuentra entre los mejores jinetes de salto del país”, dice con orgullo.  
“A cada uno, porque todos son varones, le expliqué lo que es la vida, porque de toda la experiencia que yo tengo puedo aconsejarlos para que vayan siempre por el camino correcto, y hasta ahora ninguno me ha defraudado”.
Cuando los hijos de Elsita, Kalil José y Jacinto Díaz Haché y los de Maribel, Arístides (chatico), Manuel Antonio y José María Fernández Haché aún eran pequeños todas las semanas acostumbraban a ir al campo juntos y era allí donde su abuelo aprovechaba para mostrarles y contarles cuáles fueron los esfuerzos que tuvo que hacer para lograr lo que hoy en día tiene y que de una u otra manera ellos han sido beneficiados.
“Íbamos a San Pedro de Macorís y les enseñé el corral donde yo dormía de pequeño. Lo tengo guardado de recuerdo; no me crié con los privilegios que tienen ellos hoy día y quiero que ellos aprecien eso”, cuenta con nostalgia.
Esos valores que Kalil le ha inculcado a sus hijas y a sus nietos no son casualidad. Sus padres emigraron a República Dominicana hace mucho tiempo, desde Líbano, y fueron ellos los que les enseñaron a este abuelo que siempre debía andar por el camino correcto y creer en Dios. Y esto es lo que él le ha enseñado a su prole.
Aunque cuatro de sus cinco nietos residen fuera del país, cada Navidad y Semana Santa la familia se reúne para compartir esas fechas especiales. Los demás meses del año se la pasan en constante comunicación y de vez en cuando algunos vienen de visita o él va a verlos.
Aparte de todas las bendiciones de esta familia tienen a José María, cariñosamente ‘Josema’, quien es un niño de condición especial con un gran  corazón y amoroso como ningún otro ser humano. “Los queremos igualitos a todos, ellos son muy buenos hermanos y primos, siempre viven jugando cuando se ven, lo cargan, relajan, porque eso es lo que le hemos enseñado”.
Conocer a este hombre, en su rol de abuelo, deja ver que, además de impregnar felicidad a cada lugar al que llega con sus bromas y personalidad espontánea, también es una persona dedicada a su familia. “Insisto en decirles que sepan que todo es prestado en la vida, que no se aferren a nada. Esa es la mejor fortuna que puedo dejarle, que se mantengan con la conciencia limpia”, finalizó.
Amor filial
La familia Kalil Haché y su esposa, Elsy de Haché, siempre han compartido con sus nietos en los momentos más importantes de su vida, aconsejándoles ir por el camino correcto. Por esto en las fechas especiales siempre están presentes.

UN ABUELO QUE SIEMPRE ESTÁ PENDIENTE
Kalil está siempre pendiente de sus nietos y conoce todos los detalles de la vida de cada uno. Cualquier pregunta referente a ellos era contestada como si él fuera el padre de cada uno de sus nietos, desde cuánto le falta para terminar la universidad a los más jóvenes hasta las edades y lo que hace cada uno. “Les he enseñado la lucha de la vida, que no se puede abusar de los otros, y que hay que ser bondadosos y ser leales a la familia, a los amigos y a sus principios”. Fuente:listindiario

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